Pov Leina
Me desperté al sentir un suave empujón. La noche ya había llegado y me levanté de un salto al saber lo que eso significaba.
—Al menos tiene ánimos para ir a ver a su padre.
—Benjamin, solo necesitaba reponerse un poco.
—¿Ya terminaste de decir estupideces, Leina, o te doy otra cachetada para que reacciones?
Instintivamente, llevé mi mano a mi mejilla e hice un puchero.
La risa de Sara y los refunfuños de mi tío realmente me hicieron sentir de nuevo en casa.
Cuando llegamos a la