Mundo ficciónIniciar sesiónEl hombre lobo se marcha con esa promesa dejándola en mis pensamientos como un bucle y yo aprovecho mi soledad para llorar en silencio, hasta que logro calmarme y salgo de la habitación con el fin de entretenerme, pero, todo empeora cuando Jerry aparece en sillas de ruedas como si buscara obtener compasión de todos.
Pero, para mi desgracia, la mujer con quien lo vi follando, empuja la silla de ruedas simulando sentimientos que dudo que comprenda o sienta realmente. Sé que me veo más terrible que ese idiota, pero, para los que nos rodean, siempre la compasión es para los hombres lobos y ni siquiera así puedo ver un gramo de compasión en esos dos lobos que disfrutaban verme hecha pedazos. — Aquí estás, Thalía. — dice él mirándome con mucha satisfacción. — ¿Por qué estás aquí? — pregunto enojada. — Vine a ver si una mujer tan mala había muerto. Pensé que eras más valiente para suicidarte. — dice Jerry como si me conociera. — ¿Por qué vienes aquí? Solo agradece que estás vivo y sigue con tu vida. — digo aturdida. De inmediato, todos me ven como si hubiese dicho algo terrible y yo siento que ahora si he sido sentenciada a muerte. — Me dijiste que debía pagar lo que te hice. — Y aun no lo has hecho. — Cariño, ha vuelto a amenazarte. — dice la tonta loba. — No te hice daño, además, me dijiste: ¿Tú vas a hacerme pagar algo? No me hagas reír, tonta humana. Eso muestra claramente tu desprecio hacia mí. — le recuerdo. Pero, eso no le causa el más mínimo de preocupación o interés al oficial que sin duda, está del lado de Jerry. ‘Estoy arruinada.’ Me digo mentalmente. — Debes pagar por lo que le hiciste a mi prometida y a mi compañero de equipo. Ellos no merecían morir porque te rechacé. — Fuimos novios, Jerry. Tú nunca me rechazaste, yo te terminé porque me fuiste infiel. — No me digas que estabas relacionándote con basura, Jerry. — dice la mujer con desagrado. — Por supuesto que no, solo quería divertirme un poco con ella, pero, ya me aburrió. Lo hice por compasión y terminé aburriéndome. — dice Jerry agarrando la mano de la mujer y yo me esfuerzo por contenerme. Él lo está haciendo para provocarme y que como esa noche, yo lo insulte. Pero, esta vez no voy a actuar de forma impulsiva. Sin atreverme a ver más, camino hacia el oficial, confiando en la promesa del alfa que si se ha preocupado por mí. — Oficial, ¿hay forma de que alguien pueda ayudarme a demostrar mi inocencia? — No es mi asunto. — dice el oficial y Jerry se burla. — Estás sola, Thalía. Te pudrirás en la cárcel por asesinar a mi molesta prometida. — dice Jerry. Deseando no saber más al respecto, salgo del hospital escuchando las carcajadas de ellos, mientras yo siento como la poca dignidad que me permiten tener como humana, desaparece por completo. Como un alma perdida, me marcho sin saber hacia dónde me dirijo. Mi corazón late con fuerzas, mis piernas comienzan a fallar y mi respiración entrecortada me impide seguir avanzando aunque así pensaba menos en todo lo que tontamente creí que me pasaría si era invisible. — ¿Qué esperabas, Thalía? Jerry es un alfa, es esperable que no me vea como alguien digno de él, fue mi mente llena de cuentos de hadas lo que me hizo pensar que era posible eso y ahora estoy en muchos problemas. — digo llorando. — Dijiste que lo pagaría y ahora no tengo prometida por tu culpa. — dice Jerry en un auto que se estaciona frente a mí. — No tenía intención de asesinarte y lo sabes. Tampoco quería matar a tu prometida, no gano algo con todo eso. ¡Yo solo soy una humana! — grito mientras el oficial comienza a llevarme lejos, casi arrastrándome. Sin tener quien me defienda o me consuele, intento implorar por una ayuda que no viene del oficial. — Por favor, ayúdeme. — Te seré sincero: estás muerta. Nadie va a salvarte de esto, porque una acusación de alfas nunca va a ganarle a una mujer humana. No importa si intercedo por ti, estás muerta. El oficial me lleva hasta su patrulla y cuando creo que nada puede empeorarlo, un grito nos distrae, para ver a mi padre tan ebrio como siempre, quien apenas me ve, me abofetea. — ¡Aquí estás, maldita mujer! ¡¿Sabes la vergüenza que me has hecho pasar por dañar a hombres lobos?! — grita mi padre enojado, mientras yo retrocedo herida. — Nada de actos tontos, por favor. — dice el oficial alejando a mi padre. Siendo eso lo único bueno que ha hecho por mí el oficial, intento entrar a la patrulla. Por desgracia, mi padre se cae y su botella de vodka se rompe. Por lo que, comienza a gritar como un completo loco. Aunque mi padre está en el suelo con los restos de la botella de licor a su alrededor, suspiro profundo y me marcho sabiendo que el oficial es lo menos terrible que enfrentarme a mi padre, un omega que es un completo inútil. Pero, mi padre no da por terminado la discusión y por eso, golpea al oficial en la pierna y este lo inmoviliza en las puertas de la patrulla, mientras todo a nuestro alrededor se vuelve caótico. En medio del caos aparece Kelly y yo siento que es la única compañía que me puede ayudar a soportar toda esta m****a. — Hoy te ves más del asco que todos los días y eso no está bien. — dice Kelly y yo extiendo mis brazos para poder llorar en su pecho como siempre lo hago. El escándalo de mi padre continua y por eso, mantiene ocupado al oficial que vino por mí, pero, eso no me salva del interrogatorio condenatorio. Llegamos a la estación de policía con mi padre gritando y yo solo veo cada vez más cerca mi condena. — No hay forma de que yo me salve de esto. — Ya estoy aquí. — dice un hombre saliendo del área de las escaleras. — ¿Usted es…? — Su abogado. — dice el hombre entregándome una tarjeta que agarro con desconfianza, porque yo no tengo dinero para pagar a un hombre lobo. ‘¿Qué clase de broma es esta?’ me pregunto mentalmente pensando que solo es para que me sienta feliz y después me digan que es una burla… como siempre lo hacen. — No es posible, ella es humana. — ¿Es usted Thalía Elizondo? — me pregunta el abogado. — Sí, señor. — Bueno, yo soy el abogado que contrató el alfa Jones. Vine a sacarla del problema. — dice el abogado y yo siento un poco de confianza al ver que al menos él si cumple con su palabra. ‘Entonces… no todo está perdido.’ Me digo mentalmente agradeciendo a ese alfa que no sé dónde se encuentra.






