17. Impulsos.
Ana no sabía decir ni para sí misma si estaba yendo demasiado rápido con Álvaro, lo único que podía afirmar de su situación actual era que el beso que el hombre le había dado mientras bajaba el ascensor le había humedecido algo más que los labios. El hombre la había recostado en la pared y apenas en un par de minutos la tubo por completo a sus pies, anhelando de nuevo una pequeña caricia de lengua y sentir el calor de sus labios, pero cuando las puertas se abrieron en el primer piso y el hombre