Como había ocurrido cuando la habían atrapado, su cuerpo fue cargado sobre el hombro del lobo y fue sacada de la prisión donde se encontraba. Clara jadeaba y con cada roce sobre ella soltaba un gemido de dolor. Las manos del hombre se sentían ásperas incluso por encima de su pelaje y la agarraban con tanta fuerza que dejarían de seguro marcas.
-¿ya está lista para él?- escuchaba voces a su alrededor.
-Sí, ya su celo está en su máximo esplendor. De seguro a él le gustará. Lleva un tiempo sin apa