Capítulo 94.
—Escucho. —con los brazos cruzados el coronel mayor veía a Dominique adoptando una faceta contraria a la que antes tuvo.
Ella alzó la ceja. Cruzó sus piernas. Soltó el aire en suspiros de superioridad tratando de usar su persuasión con solo verlo.
—Tú quieres poder. Yo tengo poder. —dijo y Kael ni siquiera se inmutó. —Lo dijiste, Romano. Estás aquí porque yo te traje. Convencí a mi difunto esposo de la solicitud que envió para complacerme.
—¿Te felicito? —no movió un solo de sus músculos.
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