—Así que tienes un nombre.
—Por supuesto que lo tengo, ¿o qué esperabas? Que fuera solo “la voz en la cabeza de Sussan”.
—Eso sería más normal y me pondría menos nerviosa. Ahora veo que voy a tener que pedir que aumenten la dosis del medicamento que sea que me formulen para dejar de escucharte.
—Eso es grosero. Yo me presento y a ti solo se te ocurre deshacerte de mí.
Sonreí y eso llamó la atención de Axel, que ya desde hacía unos segundos me observaba con poca disimulada preocupación en su ros