El trayecto a la casa de Axel fue tranquilo, en silencio, apenas estorbado por un crudo saludo inicial y el tradicional “¿Cómo te fue?” seguido de un “Bien, como siempre”.
Después del trabajo en el restaurante, Gea parecía estar calmada y lo agradecí, aunque no dejó de sorprenderme el hecho de que estuviera tan quieta ante Axel, cuando con solo ver a Lia se había alterado tanto, pero fue un detalle al que no le quise prestar demasiada atención por temor a levantar las suspicacias en el nuevo ha