Las escaleras dieron varias vueltas antes de llegar al segundo piso. Un pasillo amplio y bien iluminado conducía a numerosas habitaciones con gimnasios y suelos de espuma visibles a través de las grandes ventanas a ambos lados de la pared.
Nos dirigimos hacia la única habitación desocupada, aunque no completamente vacía. En ese espacio, se encontraba un hombre desconocido para mí, pero notablemente en forma, rondando los sesenta años, con una apariencia impecable. Sus músculos eran evidentes in