—¿George?
—¿Otro amigo de la ciudad? —preguntó Liam, sus ojos pegados a George quien aún no nos había notado.
—No. —Negué con la cabeza, mi voz llena de inquietud—. Lo conocí en el autobús que salía de la ciudad. Me pregunto qué estará haciendo aquí.
—Esto sí es muy extraño —gruñó Liam, entrecerrando los ojos.
En ese momento, el viento cambió. Una brisa espesa sopló a través de la calle y pude ver cómo el cabello corto de George se agitaba bajo la corriente. Su olor me golpeó como una tonelada