—Realmente, no hay razón para ser tan difícil.
David suspiró, con genuina decepción en sus ojos azules y planos.
—Has perdido, Sussan. Este plan tuyo de inventar un mundo nuevo ha fracasado, has fracasado. Lo mejor para ti y tus compañeros es recoger las piezas rotas de tu fracaso y convertirlas en algo mejor.
—¿Y tú? ¿Tú eres lo que es mejor? —gruñí. La rabia y la malicia chamuscaban los bordes de mis palabras.
Mi cabeza palpitaba por la magia del asesino, obligando a manchas oscuras a aparece