Tan pronto como las palabras dejaron mis labios, Ariana clavó sus dedos en mi brazo. Las garras heladas de su magia se hundieron en mi piel al instante. El frío inundó mis sentidos, quemando y doliendo mientras minaba la poca fuerza que me quedaba.
—Ariana, ¿necesito informarte que estás violando una orden directa? —dijo Nicolas, arrastrando las palabras con un tono aburrido pero profesional.
Sus penetrantes ojos azules perforaron su rostro, pero no transmitieron ni una onza de preocupación por