—Dime, ¿qué recogiste de Athena? —preguntó Helena, rompiendo el silencio que sabía que no duraría mucho. Había demasiadas preguntas de nuestra parte, y tanto Bruce como Helena podían sentir nuestra creciente curiosidad.
Estábamos en el SUV de color oscuro ahora, tarareando por el camino en el que una vez nos habíamos parado mientras nos acercábamos a la manada de Bruce y Helena. El ligero olor a cerezas y tabaco flotaba desde la parte delantera del vehículo, donde estaban sentados dos guardias