—Bueno, eso fue un desastre absoluto. —Sven resopló, levantando una ceja hacia mí mientras tomaba un largo trago de su vaso. Parecía completamente tranquilo. Fue entonces cuando me di cuenta de que no estábamos solos. La niña que me había tocado la mano saltó a su lado, colocando un brazo protector alrededor de su pierna. Me miró con ojos color avellana, a través del cabello del mismo color que los de Sven. La miré boquiabierta por unos segundos, aún tirada en la alfombra.
—Lo hizo bastante bie