La habitación entera contuvo la respiración. El miedo era un smog que espesaba el aire y se precipitaba hacia mis pulmones como vapores de lejía. Picaba y quemaba, casi haciéndome emitir una tos desagradable. Podías sentir el desgarro y la destrucción de alianzas, la formación de opiniones y el cuestionamiento de creencias. No todos los días Mesa Alta acogía a un potencial devorador de almas. Un lado instintivo de mí me dijo que usara mi don, que arrancara la vida de David antes de que pudiera