Romina
Agradecía al creador no ser una mujer blanca para cambiar de color cada tanto dependiendo de la situación, sin embargo me moría de la verguenza.
No solo eso pasaba por mi mente cuando llegue a trompicones al baño de damas y me encerre en un cunicilo a punto de hiperventilar.
¡Es el!
La misma frase y la misma mirada insoldable vieron a Thiago cuando me llamo de manera despectiva.
Jason Collins era el mismo hombre de la discoteca…, de aquella noche, de hace años.
Mi corazón latía desbocado