101 Epilogo III
El día de la boda había llegado, y la atmósfera estaba cargada de emoción. El lugar, decorado con delicadeza y elegancia, estaba lleno de flores blancas y lilas, las favoritas de Romina, que perfumaban suavemente el aire. El sol brillaba alto, y todo parecía perfecto, como si el mundo mismo quisiera celebrar junto a ellos.
Romina estaba frente al espejo, sus manos temblorosas mientras Carlota y Mónica le ayudaban a ajustarse el velo. La habitación estaba llena de risas y murmullo