Narrador omnipresente
Ignati Volkov no entendía porque su esposa insistía en ayudar a un hombre que no le daría beneficios ni a corto ni a largo plazo.
—Hagamos esto, quiero irme al hotel en menos de dos horas —ordena Ignati a su gente.
—Gracias por hacer esto —repite como por centésima vez Viken.
Ignati Volkov está a medio segundo de estrangular al tipo, pero sabía que eso a su esposa no le agradaría mucho, así que apretó las manos en puños y trató de controlas sus impulsos.
—Sigue hablando y