—Si tu papá regresara, ¿podrías consolarlo?— Adriana se sintió incómoda con el silencio y trató de romperlo con una pregunta.
Omar levantó la mirada y la miró.
—¿Tienes miedo de que me muera y luego me lleve contigo?
Adriana encogió los hombros y asintió seriamente:
—Sí, después de todo, somos una pareja de resentidos. Sería trágico morir por separado.
Omar resopló fríamente.
Luego, otro silencio llenó la habitación.
Adriana notó de reojo que la esquina de la tirita en el brazo de Omar se esta