Ernesto ajustó sus gafas, de manera discreta dejó los documentos que tenía en la mano y salió de la oficina.
Al salir, las miradas indiscretas de todos se retiraron de inmediato, pero el olor a chisme impregnaba el aire y resultaba difícil de eliminar.
No hacía falta decirlo, en menos de cinco minutos, la noticia se habría propagado por toda la empresa.
Ernesto suspiró.
En el interior de la oficina, Adriana oyó la puerta cerrarse y se puso de pie de inmediato.
En ese movimiento, su cabello volvi