El aire de la pradera del norte era seco y dulce. Mientras caminaba por el campus de la universidad, sentí como si hubiera renacido.
Durante el día, iba a las clases, esforzándome por adquirir conocimientos que había olvidado en mi vida pasada. Por la noche, trabajaba a tiempo parcial en el campo de entrenamiento entrenando a las crías de lobo. También recogía los materiales didácticos, hasta que me dolía la espalda y las piernas. Pero ese cansancio me hacía sentir tranquila.
Un mes después, me