Justo cuando pensaba que iba a morir allí, oí el sonido de una intensa batalla.
Los lobos que me atacaban se dispersaron y alguien me preguntó con preocupación:
—Señora, ¿está bien? ¿Puede levantarse?
La patrulla llegó justo a tiempo, me rescató y me llevó al hospital. Estaba tumbada en la camilla, con dolor en todo el cuerpo; pero, por suerte, no tenía lesiones graves. El médico dijo que con unos días de reposo me recuperaría. Fueron los policías quienes se encargaron de someterme a una serie