León lucía demacrado:
—Ana, necesito hablar contigo.
Lo observé en silencio mientras él lamía sus labios secos, fingiendo compostura:
—Siempre quiero decirte que tú eres mi verdadera Luna. Te amo.
—Lisa es temperamental y gastadora, yo solo...
Una risa fría escapó de mis labios:
—Mientras 'me esperabas', la dejaste embarazada.
Intentó interrumpir:
—Puedo explicar...
—Os deseo una larga vida juntos.
Su rostro se demudó. Susurró:
—Últimamente sueño que tú eres mi Luna, cuidando a mis padres.