El clima en Alba era espléndido cuando me detuve frente al edificio principal de la universidad, abrumada por un torrente de emociones.
Solo al recorrer los senderos del campus sentí por fin la verdadera esencia de mi renacer.
Durante el primer mes, dividí mi tiempo entre absorber conocimientos en las aulas de Derecho y trabajar en un restaurante. Aunque el cansancio físico era intenso, cada día rebosaba de esperanza.
Hasta que dos meses después, León apareció en la universidad.
—¡Ana! ¿Por