—¡No! ¡No lo hagas! Ella no lo merece.
León me lanzó una mirada cargada de odio, como si yo fuera la culpable de todo.
Al ver que los curiosos comenzaban a congregarse, decidí no seguir con ese espectáculo y me di media vuelta.
Tal vez esta vez sus lágrimas fueron lo suficientemente convincentes, porque León no volvió a aparecer después de eso.
Me sumergí en mis estudios y me uní a otros círculos universitarios, donde conocí a Marcos.
Como heredero del Alfa del norte, combinaba una amabilid