En el hospital, Matthew sintió de pronto una inexplicable inquietud en el pecho.
Mientras servía agua, su mano tembló, y el vaso de vidrio cayó al suelo, rompiéndose en mil pedazos.
—Matthew, ¿estás bien? ¿No te quemaste?
Sira se acercó preocupada a revisar su mano.
—No es nada. Solo me tembló la mano. Es que… tengo un mal presentimiento. Me preocupa Magi, tengo que regresar a casa a ver cómo está.
No podía dejar de pensar en Magi.
Intentó llamarla varias veces, pero nadie contestó.
—Matthew, ¿p