Con su andar seguro y la máscara de frialdad en su rostro abordó una de las camioneta que lo esperaban en el parqueo subterráneo de su empresa, en el interior de esta ya se encontraba su mejor amigo y cómplice de muchas de sus fechorías.
—¿Tienes la ubicación?
—Si, frecuenta un bar todas las noches, parece ser que tiene una obsesión con una de las bailarinas exóticas del lugar —se rió del pobre muchacho que tuvo el infortunio de coincidir con alguien como Aksel Lambsdorff, que pese a ser un e