13 - Te ordeno que la sueltes.
Esa misma noche, mientras volvíamos a la casa, un auto se interpone en nuestro camino, impidiéndonos de ese modo el paso. La cuestión es que, nada pintaba bien, y lo que se venía era realmente algo muy desalentador.
Miro a nuestro alrededor, y no había guardaespaldas lo cual resultaba extraño.
— ¿Dónde están nuestros hombres de seguridad? — inquiere Natalie, con notable nerviosismo, y quizás temor —. No se preocupe señora, ya me he comunicado con tu escolta principal.
— Menuda hora que quis