Al caer la noche, Lucía acostó a Sofía y se sentó sola en la puerta, absorta en sus pensamientos.
¿Por qué Mateo había venido? ¿Qué buscaba?
¿Todavía creía que era la misma mujer que volvería con él con solo unas palabras de disculpa?
Su mirada vagó y de repente distinguió una figura familiar al otro lado de la calle.
—Lucía, hablemos en serio —dijo Mateo desde la acera de enfrente, con tono sincero.
Por lo visto, el día en comisaría lo había calmado.
Era necesario hablar, tarde o temprano.
Lucí