La sonrisa de Lucía se desvaneció. Retiró su dedo y recordó con tono plano: —La bigamia es un delito. ¿Quieres ver a la tía Lucía en prisión?
La esperanza en el rostro de Mateo se congeló al instante.
Incluso pareció herido por un segundo.
Alejandro, observando a ambos, comprendió la postura de Lucía.
Se levantó con naturalidad, tomó a Sofía y dijo: —Hablad vosotros.
Un momento después, regresó con una manta y la colocó sobre los hombros de Lucía. —No tardes mucho, hace frío —murmuró con cuidado