La madre de Valen, la Anciana Elena, salió lentamente, aferrándose a ese maldito contrato de pergamino.
Su voz sonaba más fría y distante de lo que él jamás había escuchado. —¿Vienes a buscar a Valen para esa ridícula ceremonia de unión? ¿O quizás a preguntar por qué Valen no le entregó simplemente el título de Luna a tu "pura e inocente" Sofía?
Carlos captó el fuerte sarcasmo en sus palabras y se le tensó la garganta. —¿Dónde está ella? —Preguntó con voz ronca—. ¡¿Dónde demonios está Valen?!
—E