En un instante, todas las pistas que había ignorado deliberadamente, encajaron.
El arrepentimiento por haber empujado a su pareja destinada al abismo personalmente, casi consumió el corazón de Carlos.
Estaba a punto de agarrar al viejo vidente por el cuello, de rugir y exigir saber si esa adivinación era cierta, cuando el enlace mental de Diego Herrera irrumpió en su mente.
"¡Carlos! ¡¿Dónde demonios estás?! ¡Nos llamas a todos a la tienda principal para verte, y luego desapareces! ¡¿A qué mierd