Carlos contemplaba el vestido de Luna que debía haber sido de Valen. Estaba arrojado descuidadamente en un rincón, como un tesoro pisoteado.
Temblando, el artesano dijo que alguien había venido hace tres días, afirmando que estaba allí por órdenes del alfa para llevarse el vestido.
El recibo de pergamino firmado tenía el nombre de Valen, pero para entonces, ella ya había abandonado Bosque Negro.
La verdad carcomía el corazón de Carlos.
No pudo evitar extender la mano, tocando el dobladillo del v