Cinco meses.
Cinco malditos meses desde que Ethan Carter se atrevió a borrarme de su vida como si yo fuera un error de escritura.
“Se acabó, Miranda.”
Ese fue el único mensaje que recibí, el único, hace ciento cincuenta y dos días. Desde entonces, silencio.
Y yo no soy una mujer hecha para el silencio.
Estoy de pie en la acera, las manos cerradas dentro del abrigo de cuero como si, con suficiente fuerza, pudiera aplastar la rabia que late dentro de mí. El frío de la noche de otoño muerde la pie