El apartamento de Ethan estaba acogedor, iluminado por una luz amarillenta y perfumado con una mezcla de vino y lasaña de cuatro quesos en el horno. Liam se dejó caer en el sofá con un vaso de whisky en la mano, mientras Zoe, hermana entrometida-profesional, ya abría la nevera como si viviera allí.
—¿Tienes más vino blanco? —preguntó, hurgando sin pudor.
—Buenas noches para ti también, Zoe —respondió Ethan, sirviéndose su propio vaso.
—Buenas noches. Ahora dime: Moscú. ¿Fue caliente o fue Mosco