El cielo de Moscú se iba oscureciendo poco a poco, teñido de tonos azul grisáceos, mientras las luces de la ciudad comenzaban a brillar como un collar de joyas esparcido entre las calles nevadas. La suite de Ethan y Helen ya estaba envuelta en una penumbra acogedora cuando el celular vibró con la notificación del restaurante reservado.
—¿Vas a usar ese vestido negro? —preguntó Ethan, apoyado en el marco de la puerta del baño, recorriendo con la mirada el reflejo de Helen en el espejo.
Ella lo m