La mañana avanzaba despacio, como si el tiempo estuviera confabulado con el universo para no interrumpir el momento entre ellos. La cocina aún olía a café recién hecho, y las pantuflas de panda descansaban cerca de la puerta, como centinelas de un sentimiento que acababa de florecer.
Helen y Ethan estaban abrazados junto a la encimera, los cuerpos encajando de manera natural, como si hubieran hecho eso toda la vida. Él jugaba con un mechón del cabello de ella, enrollándose distraídamente en el