El coche se deslizaba por las calles de la ciudad, con las luces reflejándose en los vidrios como si la noche quisiera conversar con ellos. Ethan conducía con una mano en el volante y la otra firme sobre el muslo de Helen, entrelazando los dedos con los de ella, aunque ya estuviera medio dormida. Su cuerpo estaba relajado, pero el rostro aún guardaba las huellas de una batalla interna.
Desde el asiento del acompañante, murmuraba en voz baja. Palabras inconexas que solo tenían sentido para quien