—Los papeles del divorcio —dijo, mirándolo a los ojos—. Están todos firmados por mí. Solo faltas tú.
Ethan palideció.
—¿Divorcio? ¿Estás bromeando?
—¿Te parece que estoy bromeando?
Él abrió la carpeta, los ojos recorriendo las páginas. Su mente se negaba a aceptar lo que leía.
—Helen… no… No puedes estar hablando en serio.
Ella cruzó los brazos, manteniéndose erguida, aunque el dolor le subía por la garganta como fuego.
—Es serio. Lo intenté de todas las maneras, Ethan. Aunque supiera que este