Helen estaba concentrada respondiendo algunos correos electrónicos cuando Tânia llamó a la puerta y entró con una bandeja enorme en las manos.
—Entrega especial, señorita mamá de la empresa.
Helen arqueó las cejas.
—¿Qué?
La bandeja fue colocada frente a ella como si fuera un tesoro. Había de todo: mini churros rellenos de dulce de leche, pastelitos de chocolate, fresas cubiertas con chocolate blanco, empanaditas de queso, panecillos de queso aún calientes y, en medio de todo, un vaso de jugo d