Helen todavía sonreía cuando volvió a entrar en su oficina. Las provocaciones de Zoe resonaban en su cabeza como una banda sonora vergonzosa y al mismo tiempo hilarante. Después del momento caliente con Ethan y del bochorno épico en el pasillo, solo quería sentarse y sumergirse en algo que la hiciera olvidar que su cuñada probablemente jamás dejaría morir aquel episodio.
Dejó el café sobre la mesa, suspiró profundamente y apoyó las manos en el vientre.
—Esto es culpa tuya, ¿lo sabías? —dijo mir