La noticia no tardó en extenderse.
Primero fue un murmullo.
Luego llamadas.
Después titulares silenciosos entre empresarios, inversionistas y familias influyentes, donde el nombre de Dominic se repetía con incredulidad, mientras el vacío que dejaba su ausencia comenzaba a sentirse incluso antes de que su cuerpo llegara a la morgue.
Pero hubo alguien que recibió la noticia de una manera distinta.
Sin sorpresa.
Sin lágrimas.
Sin dolor.
Miguel.
Estaba en su oficina.
De pie frente al ventanal.
La c