La luz de la mañana entró por la ventana como un cuchillo. Erick parpadeó, desorientado. La cabeza le pesaba, el cuerpo aún le dolía, pero la fiebre había bajado. Algo olía diferente. Algo faltaba.
Extendió el brazo hacia el otro lado de la cama.
Vacío.
Las sábanas estaban frías. Llevaban horas frías.
Se incorporó de golpe, el corazón latiéndole con fuerza. Sus ojos recorrieron la habitación buscándola. El baño, vacío. La silla, vacía. El mueble auxiliar, vacío.
No estaba.
Una punzada en el pec