El auto negro se deslizaba por la autopista hacia el aeropuerto. Las luces de la ciudad quedaban atrás, diminutas y lejanas, reemplazadas por los campos oscuros que se extendían como mantas de terciopelo bajo la noche, y por el cielo gris del amanecer que comenzaba a teñirse de tonos pálidos en el horizonte. El aire dentro del vehículo era denso, cargado de silencios que no necesitaban palabras. Erick iba en el asiento trasero, con la mirada perdida en la ventanilla, viendo cómo los postes de l