Una vez a solas, el árabe la observó. Ella no estaba bien, se miraba bastante molesta, desquiciada. Sus ojos eran poseídos por la locura.
—Estoy casado y espero un hijo, ¿por qué vienes después de mucho tiempo? Lo nuestro terminó, acéptalo.
—¿Ella realmente te gusta? Karim, yo soy la única mujer a la que debes amar —casi soltó en una súplica —. Déjala, acaba con este matrimonio estúpido y déjame ser parte de tu vida.
—¿No lo entiendes? No sé en qué idioma debo hablar para que comprendas que