Una vez en la habitación, Juliette se acostó en la cama y lloró a mares, quería detenerse, pero no pudo. Todo lo que bullía en su interior era más potente que su control emocional. Raid era un verdadero monstruo, un tipo impulsivo y lo aborrecía con todo su corazón.
Melanie ingresó con una limonada y galletas. Sabía lo que estaba ocurriendo, se inquietó por el estado de la joven. Pronto acariciaba su espalda, tratando de calmarla.
Juliette le contó los hechos llorando.
—Sé que estás molesta