Raid estuvo un rato examinando unos documentos. Mirella se presentó dejándole sobre el escritorio una taza de té caliente. Ella, durante esos días había sospechado que algo le estaba sucediendo a su esposo. Él, no parecía estar tan saludable como antes, pero no quería preguntarle directamente porque Raid no lo tomaría de buen humor.
—¿Continúas ocupado?
Raid elevó la mirada y la vio.
—Por supuesto, ¿qué te trae por aquí? —inquirió de mala gana.
—Solo creía que te haría bien beber un poco de