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Descender la montaña fue más difícil de lo que imaginaba. Ascender era más agotador, pero descender era más riesgoso. Las piedras eran resbaladizas; el frío y la humedad del lugar hacían que todo fuera mucho más complicado. La tierra se quedaba pegada a mis zapatos. Pero tenía que seguir haciéndolo. Tenía que hacerlo en silencio. Tenía que acostumbrarme a la luz verdosa de las gafas nocturnas, porque tenía que salvar la vida de Evangeline.
No sabía cuáles eran los planes que tenía Elisa con ell