Capítulo 49. El Costo de la Libertad: Alejandro.
Los días que siguieron a mi confrontación con mi padre, fueron un borrón de adrenalina y agotamiento. La tensión en la mansión familiar era casi insoportable, un silencio pesado que precedía a la tormenta. Mi padre, un hombre que medía el mundo en cifras y reputación, tardó en digerir mi ultimátum. Sus ojos me seguían, analizando, buscando alguna fisura en mi determinación. Pero no la encontró. La idea de desheredarme públicamente, de arrastrar el apellido De La Espriella por el fango de un esc