Capítulo 22. La confesión: Alejandro.
Cuando me abrió la puerta, la vi. Estaba más delgada, con el rostro pálido y los ojos verdes aún velados por el dolor, pero seguía siendo la mujer que me había cautivado con su sensibilidad, con su fuerza, con la forma en que su alma se conectaba con las palabras. La blusa suelta, el cabello un poco desordenado... seguía siendo real, auténtica, tan diferente de todo lo que me rodeaba. Había un brillo de sorpresa y agotamiento en su mirada cuando me vio, y en ese instante, el alcohol que corría