La mañana en el aeropuerto era un caos de luces, anuncios y viajeros apresurados. Pero Cristóbal no veía nada de eso.
Estacionado a cierta distancia, con las manos firmes en el volante y la mirada fija en la entrada de la terminal, esperaba. Había visto a Nicolás llegar media hora antes. Había visto a Ana bajarse del auto y caminar del brazo de él. Y había sentido algo retorcerse en su estómago, algo que no quería reconocer.
Desde su escondite, observaba cada movimiento.
Ana estaba radiante a p